El estrés y sus efectos
Las células de nuestro cuerpo utilizan casi la totalidad de su energía en la renovación, reparación y creación de nuevos tejidos. Este es el metabolismo anabólico. Pero en situaciones de estrés, la energía se desvía de las actividades de renovación, reparación y creación de tejido a enviar dicha energía a los músculos con el fin de prepararlos para luchar o huir. Esto se conoce como metabolismo catabólico, que se da mientras que las actividades de creación de tejidos se paralizan. Durante esta paralización se da un principio de descomposición de los tejidos, en busca de la energía ausente.
Antiguamente, el estrés cumplía una función vital de protección. Durante el estrés, el cuerpo se preparaba para responder a los estados que representaban una amenaza física. Ante tales situaciones, el cuerpo tiene dos maneras de reaccionar, huyendo o peleando. Ambas respuestas requieren de una gran cantidad de energía y fuerza muscular, por lo que los cambios que experimenta el cuerpo en dichas situaciones, están orientados a conseguir dicha energía.
Un hombre primitivo enfrentado a un peligro inminente sufría una serie de cambios fisiológicos: se tensaban sus músculos, se acelera su respiración, el deseo sexual y el hambre se suprimen, al igual que los procesos digestivos, el cerebro se pone en alerta máxima y los sentidos se agudizan. Entonces las glándulas adrenales liberan las hormonas del estrés, como la adrenalina o epinefrina y el cortisol, que aumentan la fuerza muscular y la producción de energía.
Actualmente no estamos sometidos a esa clase de amenazas, pero sí nos enfrentamos a otras situaciones como problemas en el trabajo, dificultades de relacionamiento, etc., frente a las cuales, el organismo reacciona empleando los mismos mecanismos que utilizaba para el enfrentamiento con los animales salvajes. Esto, de por sí no es un problema, ya que se estarían utilizando mecanismos naturales para enfrentarse a situaciones que para nosotros constituyen una emergencia. Las dificultades se originan en la celeridad de los cambios, que excede las posibilidades evolutivas del cuerpo, que no ha logrado adaptarse.
El estado de estrés en la antigüedad duraba como máximo unos minutos, al cabo de los cuales, se restablecían los niveles de hormonas secretadas y los procesos fisiológicos retornaban a su estado normal. La diferencia radica en que este mecanismo de defensa se activa en la actualidad, a raíz de estados emocionales de larga duración (infelicidad matrimonial, problemas laborales o económicos, etc.), con lo cual, se prolongan los períodos en los cuales el organismo disminuye sus funciones vitales para secretar las hormonas del estrés, con los trastornos de la salud que esto implica.

Efectos dañinos del estrés sobre el organismo:
Entre los numerosos daños que la situación de estrés prolongado produce sobre el cuerpo humano están: fatiga, destrucción de la masa muscular y los tejidos, diabetes, hipertensión, úlceras, enanismo, impotencia, pérdida del deseo sexual, disminución en las defensas, trastornos del sistema cardiovascular, interrupción en la menstruación, deterioro de las células nerviosas.
Los efectos que el estrés tiene sobre el organismo son similares a la degradación ocurrida durante el proceso de envejecimiento.
Los síntomas más comunes del estrés son: nerviosismo, ansiedad, fatiga, cefaleas, dolores en la espalda o el rostro, asma, úlceras pépticas, hipertensión, problemas en la piel (comezón, sarpullido, dolores).
El estrés no sólo se produce por situaciones negativas, también puede estar ocasionado por situaciones de alegría súbita.