Terapia contra la violencia de pareja

Terapia contra la violencia de pareja

Ambos miembros de la pareja configuran el modelo de relación que seguirán. En ocasiones se producen conflictos que desencadenan la violencia de pareja. Esta situación se da en parejas con una estructura altamente jerarquizada.

Cuando se conforma una pareja, ambos miembros aportan sus valores e ideas para configurar un modelo de pareja en común que orientará su vida familiar y regirá su forma de interactuar.

Cuando aparece un desorden en la identidad de la familia, sus miembros actúan descoordinadamente y la comunicación experimenta una serie de problemas. Esto conduce al cuestionamiento de los valores y creencias, lo cual ocasiona una crisis. La etapa de crisis familiar se caracteriza por la desorganización, la confusión y el conflicto.

Todo conflicto implica un enfrentamiento, que puede conllevar a situaciones de poder y autoridad que podrían desencadenar en violencia. Aunque no es necesario que las controversias y discusiones lleven al ejercicio de la violencia de pareja.

Diferentes aspectos de la violencia de pareja:

La agresión en la pareja puede adoptar distintas formas: física, verbal, gestual o postural.

Toda conducta agresiva tiene un agresor y un agredido.

Se considera conducta agresiva a aquella que tenga una intencionalidad, o sea, con la cual se busque explícitamente producir daño.

Una persona agresiva es la que reacciona con conductas de ataque y defensa ante situaciones que considera amenazantes. La violencia conlleva al uso de la fuerza (psicológica, física o económica) con el objetivo de provocar daño. Es una forma de ejercer el poder y eliminar los obstáculos.

Para que una conducta violenta pueda darse, es necesario que exista un desequilibrio de poder, que puede ser permanente o momentáneo.

Un alto porcentaje de las familias ha sufrido alguna forma de violencia familiar. Estas familias suelen tener una organización altamente jerarquizada y sus miembros actúan de una forma estereotipada.

Cuando una persona está sometida a la violencia de pareja, experimenta una baja en sus defensas, tanto físicas como psicológicas, por lo que es común la aparición de problemas de salud (depresión y enfermedades psicosomáticas). También se da un bajo rendimiento laboral y escolar en las víctimas de la violencia de pareja.

La terapia contra la violencia de pareja consiste principalmente en la dramatización de los conflictos y de los estados emocionales, lo cual sirve al terapeuta para visualizar las posibilidades de cambio que el sistema familiar tiene. Se busca reproducir la conducta domiciliaria dentro de la sesión de terapia.

Dentro de la terapia se construye una nueva historia, donde se plantean límites individuales, buscando redefinir las funciones de los miembros de la pareja y sus espacios personales. El terapeuta se comporta como un catalizador de la relación.

Las mujeres víctimas de la violencia de pareja reciben terapia individual o grupal, que apunta a que se sientan como supervivientes y no como víctimas. La terapia las ayuda a manejar el trauma, establecer una sensación de control sobre su propio cuerpo, aumentar la autoestima, dejar de sentirse aisladas.

Las técnicas de la terapia de pareja consisten en ejercicios que permiten una evaluación de la relación y facilitar la etapa siguiente, sea para una separación o para la reanudación de la relación.
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